Miércoles 17
Te faltaban tres gradas. Y aún con la
luz artificial podía distinguir el color de tu piel, el brillo de
tus ojos, los revoltosos cabellos que salían de su lugar por el
movimiento de las anteriores gradas. Y llegaste. Sí Ángela, no
digas que no hiciste nada para enamorarme de esta forma. Tú
llegaste, y fue aquello más que suficiente para que caiga de
rodillas a tu indiferente cariño.
Estabas perdida amor mío, y yo te
encontré. Y por encontrarte debes entender que al mismo tiempo que
sucedía todo, me encontraba perdido también.
¿Cómo te llamas? Cómo si no supiera
tu nombre, cómo si fueses nueva en mi vida. Y tu, con toda tu
inocencia respondes Ángela. ¡Si supieras mi secreto! Que ahora que
te conozco lo he vuelto tuyo y mío; nuestro secreto.
No dejo de pensar en las sonrisas que
regalaste en ese encuentro dinámico, enmarcado en un humilde ensayo
de baile. No puedo olvidar tu recogido peinado, tu atuendo poco
improvisado. Qué torturas me ibas a provocar, cuántas noches de
insomnio me regalarías.
Ángela; ni siquiera es necesario que
los labios se junten para pronunciar tu nombre. Án-gel-a. Como caída
del cielo, o florecida del infierno. Con esa energía guías mis
días, aguardas mis noches. Ángela, Ángela, Ángela... control ce,
control ve. Hasta llenar la página doncella mía.
Jueves 18
Eras ñoña. Ñoña como tu admirador
secreto. Como este imbécil que no se da cuenta que mientras tu vives, yo escribo; mientras tu gozas, yo padezco.
Miércoles 24
Escapaste de mi compañía. Debiste
darte cuenta que solamente es a tu lado al que quiero estar. Eres la
rosa entre una espesura de plantas con gracia desgastada. Eres la
nínfula entre mujeres adoctrinadas al baile. Te seguí, te esperé.
Estudias psicología amada mía. La hija menor, mujer con facciones
de párvula que tiene mi ser atado a una angustia escandalosa.
¿Helado o café? Obviamente helado.
Debo entender de ese tipo de respuestas una intención liberal,
juvenil, libre de formalidades. Eres una niña y al mismo tiempo una
mujer, y ambas Ángela, ambas son bellísimas. ¿Pipocas dulces o
saladas?, ¿Cine o cena? Todas esas preguntas planeadas tuvieron
respuestas, sin convicción para desgracia mía. Y tenía el objetivo
claro de invitarla a salir -¿Todavía se hace eso, verdad?-
“Buenísimo” respondiste cuando te ofrecí el helado. Y tu
apresurado paso me dejó atrás con el autoestima por el piso. Sabía
que debía haber esperado más tiempo, pero era incapaz. El fuego que
traes por el hecho mismo de pertenecer a un mundo normal quema todo
intento de paciencia.
Jueves 25
Escapé de ti. ¿Acaso es irritante mi
insistir? ¿Acaso debo entender esa dolorosa indiferencia como señal
de la banalidad de mi amor? Cómo logras quedarte en silencio, y al
mismo tiempo hablar tanto, decirlo todo, con tu cuerpo.
Viernes 26
Fría, lejana. Entre más te alejas,
más te amo. Quiero pelear a pesar de tantas batallas fracasadas en
el pasado. A pesar de haber jurado dejar las armas para dedicarme a
construir un nuevo refugio para mis sentimientos. Pero te veo, y con
tu no mirarme encuentro valor para empuñar mi...
Viernes 2
Te estoy conociendo cada vez más. Sin
hablarte, sin mirarte.
Debes tener cuidado con las malas
lenguas. Ya no se que decir de ti, ya no se que escribir.
Y cuídate, que nadie te vea
limpiándote la nariz con una servilleta.
Siento que te encuentro en cada
esquina, sumergida en cada grupo de personas desconocidas. Te siento
ajena a las cotidianidades de la gente común, como un enorme y verde
pino que inocente lleva una flor roja en medio de su cuerpo. Así de
independiente te entiendo, te admiro, te quiero. Que falsa es mi
concepción de tu personalidad Ángela, que falso soy al creer que de
la persona que hablo eres tú.
No te alejes nunca amor mío. No dejes
que el indeciso matiz de lo normal opaque tu simplicidad, como el
humo nubla las estrellas al caer la noche en la ciudad. No te alejes,
que provocarás en mí la inevitable necesidad de perseguirte, de
acosarte, de enamorarte. Camina cerca de lo incongruente, de lo
innecesario. Que es la única forma para que termines al lado mío.
Miércoles14
Que preludio más agotador el no
haberte visto tantos días. No estaba triste, había pasado a una
etapa de indiferencia, ni vivo ni muerto. Encontrarte como te
encontré hoy es la prueba clara que los objetos que perdemos se
sienten alegres cuando los hallamos debajo de la cama, ocultos en un
cajón u olvidados en un bolsillo de un pantalón azul. Así me
sentía, y me encontraste Angela. Yo te andaba buscado, pero fuiste
tu la que, una vez más, me encontraste.
Siento que aveces presto demasiada
atención a lo que dices, aunque nunca me hables; siento que esta
atención es desperdiciada. Y caí en cuenta cuando te oí reír.
Justo en ese instante descubrí que no importa lo que digas, porque
nunca estará a la altura de la delicadeza de tu voz, del timbre de
tu inocencia, de la calidez de tus comentarios.
Fueron 46 segundos que estuviste a mi
lado. Y debes saber que a partir del segundo 47 de aquella
conversación, la que empezó con un despido, has cambiado el color
de mi locura. Y cuando disfrutaba los matices grises de la vida
cotidiana que llevan nuestros inferiores, empecé a añorar un mundo
de colores infinitos. Colorido, infinito. Infinito. En menos de un
segundo amor mío. En lo que tarda un segundo de convertirse a otro.
Infinitamente pequeño. Infinitamente colorido.