No te voy a mentir, tampoco te lo diré de cara, que no es lo mismo. Los pantalones te quedan anchos. Trato de creer que es intencional, que sabes que te quedan así, y que a pesar del cómo te queden los usas porque te sientes bien en ellos. Pero no es solamente eso, en ti hay un montón de cosas que no te quedan. ¿O es que en ese montón de cosas hay algo que no puede desprenderse de lo ordinario, de lo aburrido de la ropa (sí Mariana, aburridos como los pantalones) y simplemente dejas detrás a la simplicidad de las telas, al perecedero cruzado de hilos, a la inextensible realidad del material. Justo en ese momento alzó su brazo para defenderse. Y después de tremendo susto despertó agitado, asustado, algo húmedo aunque es difícil identificar de donde exactamente. El sueño era extraño, no era la primera vez que sucedía y rogaba con todas sus ganas que fuese la última. Debieron ser las 2 de la madrugada, y quiso contármelo así a pesar de todas las veces que dije que sólo se dice madrugada a partir de las tres. A decir verdad, el peinado no está del todo bien. Pero no es el mismo problema que los pantalones, pues de tu cabello no te puedes desprender. No porque no puedas, es porque te conozco. Vi alguna foto tuya con otro peinado, supongo que después de aquello es que decidiste el cambio de luc. Acerca de tu ondulante decisión no tengo más comentarios, quizá cuando pueda abrazarte pueda comentar algo más. Cuando le contó a su padre mencionó que eran las 4 de la madrugada, que injusto. De muchas formas intentamos hacerle entender que era solo un sueño, que nada tenía que ver con sus zapatos izquierdos, que podía dormir tranquilo. Sin embargo, desde esa vez lo veo escribir en su cuarto. Traté de acercarme a uno de sus cuadernos (sin cuadrícula por supuesto). Lo que realmente te queda bien son esas camisetas. ¿Tienes millones verdad? cada color, cada diseño, cada detalle, cada mañana que te veo usarlas... Si esas camisetas no hablan de ti, entonces todo lo que escribí por ti es vano. Son casi tan perfectas como tu. El tamaño, que deja ver exactamente lo que debe verse de tus brazos. La textura, que deja apreciar la verdadera tersura de tu piel. La ligereza, que hace del indiferente viento su aliado. Las mejores ideas de cómo destruir este asqueroso planeta las obtuve de ese cuaderno. En algunos casos no hacía falta leer el contenido de una página; bastaba con entender el título con los ojos cerrados para crear un holocausto apocalíptico con la mente. La primera vez me emocioné demasiado con el cuaderno, que lo tomé robado. Sabía que estaba haciendo algo malo, pero me tranquilizaba la idea de que una vez ejecutada alguna idea del cuaderno, el mal inicial quedaría completamente mitigado.
¡Carajo! Sangre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario