domingo, 12 de junio de 2011

Cuento 1

Y aún había luz en la ciudad, parecían las tres de la tarde. Todavía no logro entender la razón de su miedo. Quizá de pequeña tuvo algún susto para que ahora le tema tanto al anochecer. Pero eso no viene al caso, el punto es que le inventé algún cuento para que se quedará conmigo, y se lo creyó.

Hace falta ser tonto para desaprovechar tremenda oportunidad. Había estado buscando una situación así durante años, desde que la conocí. Talvez desde más antes, desde que la vi. Corría el mes de abril, detrás corría mayo. Y junto a las más comunes y ordinarias quejas escolares, corríamos nosotros.

Estábamos en el mismo plano, en la misma ciudad, en el mismo curso, en el mismo ritmo de vida. Respirábamos el mismo aire, sentíamos el mismo viento, creíamos las mismas mentiras, soñábamos los mismos... no, eso no. Estábamos juntos en tantos aspectos, que parecía injusto no conocerla.

Así deje pasar mayo y junio, pasaron corriendo como de costumbre, por eso no me importa. Al volver del invierno, tomé una decisión sacrificada. Estaba cansado de solo escribirle, de solo usarla como objeto de inspiración. A ella no parecía importarle, ni siquiera se enteró. Debo admitir que me gustaba creer que estaba ansiosa por leer lo que escribía, por saber lo que pensaba, por sentir lo que sentía.

Esa tarde se lo dije...
Decisión sacrificada.

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