jueves, 15 de septiembre de 2011
No digas te amo
No digas te amo. No lo digas nunca.
Nadie tiene derecho a enterarte de tus problemas. Y por encima de
eso, a nadie le importa. Son sólo palabras, letras formando ideas
que independientes no significan nada, y juntas son independientes.
No lo digas, no pierdas tu tiempo, no pierdas saliva, no pierdas
oxígeno. Te amo, primero la lengua contra los dientes; seguido de
una apertura modesta de la boca, para terminar con un chocar de
labios explosivo, lleno de aire. Te-a-mo. Hueca, fría, sin abrazos
ni miradas. Palabras que flotan en el aire y se pierden antes de
llegar al conducto auditivo, antes de mezclar su semántica con la
misma esencia del lenguaje. Te amo, muchas gracias de nada. No lo
digas, no tiene sentido. ¿Te diste cuenta? Sin significado, sin
alma, sin objetivo. Palabras que no van a ningún lado, de dudosa
procedencia. Más útil es el cadáver de un animal, que estando
aterido por su nula vitalidad nos puede alimentar y abrigar. Más
cálido es el fuego que proviene de un trozo de árbol muerto, seco,
sin vida. No digas te amo, no seas idiota creyendo que esas palabras
pueden significar algo en la mente de quien quieres que escuche. No
lo digas, y peor aún, no dejes de sentir lo que pasa por tu cabeza
cuando no lo dices. Porque eso que sientes, eso es amor.
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