viernes, 30 de septiembre de 2011

Ángela


Miércoles 17

Te faltaban tres gradas. Y aún con la luz artificial podía distinguir el color de tu piel, el brillo de tus ojos, los revoltosos cabellos que salían de su lugar por el movimiento de las anteriores gradas. Y llegaste. Sí Ángela, no digas que no hiciste nada para enamorarme de esta forma. Tú llegaste, y fue aquello más que suficiente para que caiga de rodillas a tu indiferente cariño.
Estabas perdida amor mío, y yo te encontré. Y por encontrarte debes entender que al mismo tiempo que sucedía todo, me encontraba perdido también.
¿Cómo te llamas? Cómo si no supiera tu nombre, cómo si fueses nueva en mi vida. Y tu, con toda tu inocencia respondes Ángela. ¡Si supieras mi secreto! Que ahora que te conozco lo he vuelto tuyo y mío; nuestro secreto.

No dejo de pensar en las sonrisas que regalaste en ese encuentro dinámico, enmarcado en un humilde ensayo de baile. No puedo olvidar tu recogido peinado, tu atuendo poco improvisado. Qué torturas me ibas a provocar, cuántas noches de insomnio me regalarías.

Ángela; ni siquiera es necesario que los labios se junten para pronunciar tu nombre. Án-gel-a. Como caída del cielo, o florecida del infierno. Con esa energía guías mis días, aguardas mis noches. Ángela, Ángela, Ángela... control ce, control ve. Hasta llenar la página doncella mía.

Jueves 18

Eras ñoña. Ñoña como tu admirador secreto. Como este imbécil que no se da cuenta que mientras tu vives, yo escribo; mientras tu gozas, yo padezco. 

Miércoles 24

Escapaste de mi compañía. Debiste darte cuenta que solamente es a tu lado al que quiero estar. Eres la rosa entre una espesura de plantas con gracia desgastada. Eres la nínfula entre mujeres adoctrinadas al baile. Te seguí, te esperé. Estudias psicología amada mía. La hija menor, mujer con facciones de párvula que tiene mi ser atado a una angustia escandalosa.

¿Helado o café? Obviamente helado. Debo entender de ese tipo de respuestas una intención liberal, juvenil, libre de formalidades. Eres una niña y al mismo tiempo una mujer, y ambas Ángela, ambas son bellísimas. ¿Pipocas dulces o saladas?, ¿Cine o cena? Todas esas preguntas planeadas tuvieron respuestas, sin convicción para desgracia mía. Y tenía el objetivo claro de invitarla a salir -¿Todavía se hace eso, verdad?- “Buenísimo” respondiste cuando te ofrecí el helado. Y tu apresurado paso me dejó atrás con el autoestima por el piso. Sabía que debía haber esperado más tiempo, pero era incapaz. El fuego que traes por el hecho mismo de pertenecer a un mundo normal quema todo intento de paciencia.



Jueves 25

Escapé de ti. ¿Acaso es irritante mi insistir? ¿Acaso debo entender esa dolorosa indiferencia como señal de la banalidad de mi amor? Cómo logras quedarte en silencio, y al mismo tiempo hablar tanto, decirlo todo, con tu cuerpo.
Viernes 26

Fría, lejana. Entre más te alejas, más te amo. Quiero pelear a pesar de tantas batallas fracasadas en el pasado. A pesar de haber jurado dejar las armas para dedicarme a construir un nuevo refugio para mis sentimientos. Pero te veo, y con tu no mirarme encuentro valor para empuñar mi...

Viernes 2

Te estoy conociendo cada vez más. Sin hablarte, sin mirarte.
Debes tener cuidado con las malas lenguas. Ya no se que decir de ti, ya no se que escribir.

Y cuídate, que nadie te vea limpiándote la nariz con una servilleta.
Siento que te encuentro en cada esquina, sumergida en cada grupo de personas desconocidas. Te siento ajena a las cotidianidades de la gente común, como un enorme y verde pino que inocente lleva una flor roja en medio de su cuerpo. Así de independiente te entiendo, te admiro, te quiero. Que falsa es mi concepción de tu personalidad Ángela, que falso soy al creer que de la persona que hablo eres tú.

No te alejes nunca amor mío. No dejes que el indeciso matiz de lo normal opaque tu simplicidad, como el humo nubla las estrellas al caer la noche en la ciudad. No te alejes, que provocarás en mí la inevitable necesidad de perseguirte, de acosarte, de enamorarte. Camina cerca de lo incongruente, de lo innecesario. Que es la única forma para que termines al lado mío.

Miércoles14

Que preludio más agotador el no haberte visto tantos días. No estaba triste, había pasado a una etapa de indiferencia, ni vivo ni muerto. Encontrarte como te encontré hoy es la prueba clara que los objetos que perdemos se sienten alegres cuando los hallamos debajo de la cama, ocultos en un cajón u olvidados en un bolsillo de un pantalón azul. Así me sentía, y me encontraste Angela. Yo te andaba buscado, pero fuiste tu la que, una vez más, me encontraste.

Siento que aveces presto demasiada atención a lo que dices, aunque nunca me hables; siento que esta atención es desperdiciada. Y caí en cuenta cuando te oí reír. Justo en ese instante descubrí que no importa lo que digas, porque nunca estará a la altura de la delicadeza de tu voz, del timbre de tu inocencia, de la calidez de tus comentarios.

Fueron 46 segundos que estuviste a mi lado. Y debes saber que a partir del segundo 47 de aquella conversación, la que empezó con un despido, has cambiado el color de mi locura. Y cuando disfrutaba los matices grises de la vida cotidiana que llevan nuestros inferiores, empecé a añorar un mundo de colores infinitos. Colorido, infinito. Infinito. En menos de un segundo amor mío. En lo que tarda un segundo de convertirse a otro. Infinitamente pequeño. Infinitamente colorido.



No hay comentarios:

Publicar un comentario